miércoles, 5 de diciembre de 2018

Estadio de béisbol General Alfonso Corona del Rosal




Las entradas de este blog pretenden conformar una serie, que refiere a la vida dentro de la lista de colonias que integran el código postal 42090 en Pachuca de Soto, como son: Doctores, Céspedes, Felipe Ángeles, Real de minas, Cubitos, etc. El objeto no es seccionar a grupo de especímenes a partir de delimitar una zona de la geografía local. Todo lo contrario, más bien, a través de un ejercicio relacional con los individuos de la comunidad, divisar aspectos característicos de la comunidad; formas culturales específicas que  en cierto nivel responden a figuras arquetípicas. Primeramente, cabe aclarar, por lo ambicioso que resultó en retrospectiva el objetivo de estas entradas, que es un ejercicio más bien complementario a dicha búsqueda, una ventana que podría ayudar a penetrar en estos aspectos, desde mi humilde perspectiva individual. También relevante, es mencionar que la ambición sobre la construcción de una serie que responda a mis objetivos de exploración, no es más que una pretensión buscando aterrizar.




Para el primer fragmento de la serie elegí no a un individuo, o grupo de estos, sino, más bien, un lugar. Sede de integración e interrelación de la comunidad por casi 60 años. El estadio de béisbol Gral. Alfonso Corona del Rosal -nombrado en honor al prodigioso genio, proveniente de Ixmiquilpan; militar, abogado y político mexicano. Con una carrera sin embargo cuestionable, por verse inmiscuido en el conflicto estudiantil del 68 como uno de los principales artífices-. El estadio se inauguró oficialmente en Marzo de 1963 por el Lic. Adolfo López Mateos; entonces presidente de la Republica.  Sin embargo llevaba algunos años ya establecido como un centro clandestino de reunión. Ubicado en la calle de Tolantongo en la colonia Céspedes en Pachuca de Soto, Hidalgo; resulta mi primer referente del 42090.



La época dorada del estadio, según me informan los responsables de mantener en orden el lugar, fue durante las décadas de los 60’s y 70’s donde alojó grandes juegos multi talla; selecciones deportivas nacionales de Cuba y Puerto Rico pisaron el estadio durante esa época, además de que llegó a albergar juegos de absoluta relevancia nacional como un Tigres contra los Diablos Rojos. Hoy día a 55 años de la inauguración parece que lo mejor del recinto ya se vio. La nostalgia de antiguos años tiñe irremediablemente la atmósfera del espacio. El estadio se ha mantenido por la compañía incondicional de algunos cuantos que llevan la tradición del béisbol hacia un compromiso casi religioso; que cambia únicamente la devoción de la iglesia al campo. Uno de ellos, quizá el más fiel entre todos, el señor Marcelino Hernández, ha dedicado su vida al estadio y al deporte. Con sus más de 80 años; representante de una generación llena de vitalidad, que se ha mantenido sana a través de la fórmula de la actividad. Hoy se diría responde como el motor que da vida a este lugar: actividades que van desde el mantenimiento en general, al cuidado receloso del precioso campo dedicado exclusivamente a las actividades concernientes al béisbol; aparentemente debe lidiar diariamente con pequeños diablillos que pretenden transformarlo en cancha de fútbol. En fin, en hombres de su edad resulta evidente que los años se vuelven más afilados conforme se acumulan, y uno de los más tortuosos aspectos de mantenerse consciente a esas alturas parece ser ver como los recuerdos se alejan, se vuelven difusos y se pierden en la bruma que acerca la muerte. Sin embargo resulta absolutamente encantador ver como hay algunos recuerdos que se mantienen intactos, y el brillo de los ojos que resulta de revivir esas tardes radiantes de un domingo del sesenta y tantos o setenta y tantos; como aquella vez que el bateador Portorriqueño hizo lo impensable y saco la bola del campo, hecho que aparentemente no se ha repetido; o aquella otra, cuando escribió marce en el cemento fresco de las gradas e inmortalizo su nombre en el concreto que mantiene el estadio.




No obstante el señor no es el único representante de épocas pasadas, existe en la oficina de la recepción una colección de trofeos de lo que fue alguna vez el museo de béisbol, o lo que pretendía ser y no se estableció. Estos se encuentran apilados en una mesa, de forma que resulta del todo indistinguible la historia detrás de cada uno. Y el objeto de un museo yace yerto junto con esta colección de figurillas de bateadores y lanzadores.





Actualmente se llevan a cabo partidos tanto de béisbol como de softbol, los días sábados y domingos; entrenamientos regulares, además cuenta con servicios adicionales: una pista para caminata y aparatos de gimnasio al aire libre, da servicio a unas 200 personas a la semana, o al menos eso es lo que registra.





Cuando se observan atisbos de la vida que un día hospedó ahí, es durante los fines de semana al medio día; los sábados hay partidos de softbol o liga femenil, y los domingos béisbol. Por lo regular hay algunas personas en porra apoyando a cada equipo, además de los representantes de la vieja guardia, contemporáneos de don "marce", que religiosamente asisten a los domingos de béisbol. Lo ideal para pasar una tarde de descanso, varias cervezas, una cajetilla de cigarros, una conversación llena de nostalgias, mientras se ve un deporte que se vive intensamente. Algunos miembros familiares acompañan a los jóvenes y no tan jóvenes jugadores, y en general existe un ambiente de cordialidad entre todos los asistentes, desde el que vende raspados y chicharrones hasta los visitantes casuales. La comunidad un tanto hermética, que en despliegues de algarabía converge con la excusa de un deporte; los hay apasionados y otros no tanto; hay desde los más pequeños hasta los más viejos, hombres y mujeres por igual, arremeten en gritos; y así jugada tras jugada se mantiene una atmósfera que resultara liberadora para algunos durante al menos unas cuantas horas. No es el deporte que representa a el país, ni al estado, o al municipio mismo; pero si es el que representa a una comunidad sin clase ni género, que busca sobrevivir por lo aplastante de otros como el fútbol.






En síntesis el béisbol me parece un deporte que se debe conocer por la experiencia en un estadio, entretenido, que resulta en excusa perfecta para compartir una tarde con la familia o con viejos amigos; así como con vecinos o completos desconocidos. Un extracto de lo que queda de una comunidad. Y que se encuentra en el 42090.